Ya no se trata de la queja burlona de lo que vivieron juntos, el relato fantástico del momento en que el amor murió, la lucha (siempre de él) por salvarlo todo.... El dolor de no tener más una familia, y lo poco que se enferma ahora que nadie lo puede cuidar...Lisa y llanamente, el hombre, en busca de aceptación social y anécdotas similares que avalen que no es el único al que le pasa, contará que la "yegua " de su ex lo exprime cada vez más insatisfecha por lo que le da en concepto de cuota alimentaria.
¿Cuál es el límite y por qué la presión nunca se acaba? ¿Puede una ex pedir el aumento de cuota o gastar encima- la peor de las sospechas- algo del dinero en ella?
Algunos ex maridos tienen tanto odio encima que no toleran siquiera componer en su cabeza la escena donde las tostadas con manteca de los chicos que se compran con el dinero que él aporta sean consumidas por ella, y ni siquiera se calma pensando que engordará como una vaca.
Otros, se dan cuenta que mantener la administración anterior no es sencillo y que a pesar de lo que refleja el INDEC, lo que él ganaba le alcanzaba para eso y noviecita y ahora no tiene ni para ir a tomar un café a la esquina.
Pese a lo que dice Madelleine Albright, que hay un lugar especial en el infierno para toda mujer que no ayude a otra (me encanta citarla) hay que reconocer que muchas veces los hombres que no reniegan de sus obligaciones y dan todo por el bienestar de sus hijos, pierden la partida.
Esto es así, y lamentablemente tiene que ver con la falta de renuncia de algunas mujeres al denominado"nivel de vida gozado durante el matrimonio".... Esto, señoras de tal, es imposible de mantener, justamente porque el grado de deterioro del nivel económico de los matrimonios que se terminan es una realidad contundente. Es directamente proporcional, y si saben dividir, verán que los gastos divididos se empiezan a multiplicar.
La familia no renuncia a nada, y el hombre, lejos de acobardarse, se resiste a perder más que lo que ya le tocara resignar (lo más importante: el techo donde viven sus hijos). Empero, la situación se transtorna y el empieza a vivir con más de lo que puede, muchas veces comprando objetos de lujo o gastando en restaurants y ropa que lo haga verse mejor (alguna gratificación debe tener), y ella, desesperada por no encontrarle la vuelta a su reinserción en el mundo de la soltería, gastará más de la cuenta- algunas hasta piden préstamos y mientras no hay sentencia de divorcio a veces las deudas son solidarias- para mejorar su nuevo "ser".
Resultado, cuando la realidad te enfrenta, los hijos terminan pagando las cuentas y empiezan los pedidos de reducción de cuota, los llamados, las vueltas para que el padre "con retrasos en la cuota" no vea tanto a sus hijos, etc, etc.
¿Cuál es el límite entonces?
Simplemente entender que en un divorcio no sólo hay dolor en el corazón, cuestiones de índole psicológica, duelos, pérdidas, reacomodamientos, fases de adaptación, integración al mundo y otras palabras... Esto hay que dejárselo a los amigos, para que banquen las charlas de los agotadores derviches, a los psicólogos, que la tienen tan clara, a la maestra para que tenga más paciencia con Juancito que se olvida la tarea cuando va a dormir a lo del papá.
Yo propongo que lo primero es involucrar el concepto del dinero, sin anestesia, cuentas claras, enfrentarse a conceptos bancarios, planificarse financieramente, aprender a administrar, contratar un contador, poder reconocer que todos son más pobres y que el "nivel de vida gozado durante el matrimonio" como concepto es genial, pero que si uno se aferra a eso, sólo cometerá un gran error.
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